domingo, 30 de mayo de 2021

Children of The Sea: Un refugio en el seno del Universo

¿Qué fue lo que sentiste la primera vez que viste el mar?

Hacer esa pregunta es un ejercicio de la memoria que nos acerca a sensaciones de inmensidad, asombro, olores peculiares y la silueta de personas que amamos. Por mi parte, quisiera poder decirlo y señalarlo todo con claridad, pero ahora sólo recuerdo a mi padre y su delgada figura hundiéndose poco a poco bajo las olas. Segundos antes de hacerlo, él se volteaba y nos saludaba para sumergirse por completo entre aquel rumor envolvente y constante. 

Sentía cierto temor al ver los cuerpos de los bañistas ser devorados por la espuma, pero también era acogido por una tranquilidad que se acrecentaba cuanto más escuchaba con atención. Entonces el mar era todo lo que podía escuchar, sentir y ver. El mar, era el origen y el fin de todas las cosas. 

Quizá es tan grande el prejuicio que se tiene sobre la animación —sobre todo, la animación japonesa o anime—, que inmediatamente descartamos estas creaciones como una forma de arte capaz de hacernos sentir lo que una novela, un poema o una película puede hacer. Culpa de esto es también es la fórmula en que muchas de las animaciones más populares han caído. Seguimos consumiendo las películas de Disney/Pixar a pesar de que los arquetipos en sus historias sean tan predecibles. De igual manera en el anime encontramos ciertos patrones que se asemejan. Historias fantásticas, personajes llamativos, voces chillonas y exageradas, etc. etc. 




Sin embargo, hay animaciones que sobresalen y se convierten en joyas inmarcesibles, experiencias que trascienden todo arquetipo conocido; obras que, en pocas palabras, nos roban el aliento y cambian nuestra perspectiva sobre la vida. Children of The Sea, por si no fuera obvio a estas alturas, pertenece a esta última categoría. Es una animación del 2019 realizada por Studio 4 °C y dirigida por Ayumu Watanabe con música del legendario Joe Hisaishi.

Cuenta la historia de Ruka, una niña taciturna e inadaptada cuya relación con sus compañeras de escuela es problemática. Sus padres, despreocupados e indiferentes, son más personajes de fondo cuyo papel no es relevante en la trama ni en la vida de la niña. Se sugiere alcoholismo, depresión y desconexión entre sus padres, sumado a una pelea reciente con una alumna que le humilla.  Todo esto desarrolla un sentimiento de soledad muy fuerte que se presenta en todo momento. Estos sucesos, eventualmente, la acercan al Mar. Siendo una población costera, los residentes están muy familiarizados con las criaturas marinas de un hermoso acuario donde pueden observar tortugas marinas, manta rayas, bancos de peces coloridos y focas. Un día, Ruka logra escabullirse dentro de las instalaciones del acuario y recuerda la primera vez que vio estas criaturas; todas se acercaron inexplicablemente a ella y la seguían a donde se moviera, como hipnotizados. Entre flashbacks y tropiezos en la parte trasera de los tanques de agua ella se encuentra con Umi, un chico de su edad que emerge de una piscina y se mueve con naturalidad en el agua, casi como que fuera un pez. Él le dice que fue criado en el Océano junto a su hermano Sora y necesitan del agua para vivir casi tanto como los peces.


 Hasta aquí, todo pareciera sonar a las historias que mencionaba al principio de este texto, ¿no? Una niña descubre un mundo secreto, entes fantásticos la acompañan en esta aventura y eventualmente tendrán que salvar algo o alguien de una amenaza inminente. Pues no, pasa que en el corazón de esta película hay una voz poética que se alza y eventualmente abarca cada paso dado por el argumento como una sombra misteriosa. Lo que parecía una aventura infantil o la típica coming of age se transforma en una metáfora sobre la soledad, la muerte, el origen del cosmos y de la vida. Esto es explorado a través de bellísimas secuencias de animación que escapan a cualquier descripción y llevan todo el amor de los artistas detrás de esta pieza.

Es difícil describir lo que sucede en esta película casi tanto como lo que se siente al verla; simplemente se debe dejar fluir las imágenes, sin darle tantas vueltas a la lógica o los encuadres de lo que conocemos tradicionalmente como ‘argumento.’ Hay visiones del mar tan espectaculares como aterradoras y la película va en un crescendo que culmina con una de las secuencias más impresionantes a un nivel de animación y simbolismo que he visto en mi vida. Hay películas que desafían toda estructura y se transforman en ‘experiencias’ (sin el afán de sonar pretencioso) y esta es una de ellas. En determinado momento sólo debemos dejarnos llevar. Y es en los diálogos profundos/ambiguos de las y los personajes, las metáforas visuales, la música y animación tan excelsas donde encontraremos nuestro propio significado.

Justo como el mar puede significar vida para unos y muerte para otros. Estamos quienes le tememos, los que le respetan y también quienes le escriben poesía contemplativa. Así, esta película puede recordarnos nuestra insignificancia y el gran misterio que es vivir.




Pueden ver el tráiler AQUÍ

martes, 6 de octubre de 2020

reminiscencia

este poema lo estuve cuidando todo el verano. 


nació un día cualquiera, no recuerdo la fecha exacta,

afuera había un calor insoportable y los hijos de mis vecinos

gritaban y reían, jugando en su piscina infantil

como si afuera no se acabara el mundo. 


mi camiseta estaba humedecida por el sudor 

y entre mis labios yo murmuraba estas palabras. 


luego, sobrevino lo que siempre ocurre: 

la cotidianidad me tragó de cabeza hacia el vacío 

y por mis dedos ya no volvieron a resbalar

las palabras. 


hoy,

entre facturas y papeles viejos, lo volví a encontrar, 

intacto y fresco con su fragancia de tiempos pasados.


lo había arrugado y tirado a la basura

sin pensar,

sin darme cuenta

que eventualmente 

lo necesitaría para volver a respirar, 

para sentir —por fracciones de segundo

el viento perdido del verano.



jueves, 14 de mayo de 2020

Nuestros corazones eran bombas Molotov

Nuestros corazones 
eran bombas Molotov
y los lanzábamos en 
la oscuridad

                          esperando incendiar la noche. 

Todo lo que escuchábamos 
eran las mechas que se apagaban, 
un estruendo tras otro 
y luego un vacío  
                      
                          infinitamente silencioso 
                          infinitamente solitario 

Nos quedábamos sin luz 
y sin calor,
pero seguíamos viendo 
ese desfile a nuestros costados

Tantos jóvenes queriendo un incendio, 
                         buscando un incendio,  
                         soñándolo. 

Nos hincamos, no para rezar, 
sino para tomarnos de las manos 
y así evitar morir de frío 
                                   
                          y las botellas seguían estallando 
                          como luciérnagas furiosas 
                          en la nada.

             

miércoles, 1 de abril de 2020

"Ivan's Childhood" como el sueño de la eternidad



Terminado el último plano de la película, vemos a Iván jugando con unos niños en la playa, siendo perseguido por la figura de una jovencita semidesnuda. Ella se esconde detrás de un tronco viejo y húmedo. Están jugando a las escondidas. Atardece. Cuando Iván se fija en ella y ambos ríen, empieza una persecución por las orillas de la playa, acompañados de pequeños destellos del sol irrumpiendo en la superficie del agua hasta llegar a un punto donde la superficie terrestre es indistinguible: 
aquí es donde ocurre la magia de Tarkovski, pues al igual que el Salar de Uyuni localizado en Bolivia, ambas superficies parecen imitar perfectamente al cielo, creando la ilusión de un espejo infinito. 

¿No es esta preciosa imagen del niño corriendo "sobre el cielo", la metáfora visual más cercana a la eternidad? Toda la película hasta este punto ha mantenido un balance considerable entre las situaciones reales y la imaginación simbólica del niño envuelto por pesadillas. Hay momentos de ternura, magia y terror. Y todo esto es contrastado con escenas serias, maduras y frías donde aparecen los adultos, preocupados por la guerra. A excepción, claro, de la famosa escena del beso. 'Ivan's Childhood' es claramente una metáfora sobre cómo la infancia magnifica o distorsiona la realidad, la memoria e incluso le da un toque mágico a las pesadillas y hasta la muerte. 

Es sin dudas un tema extenso que ha sido explorado por otras películas rayando en lo jocoso o dulzón, como por ejemplo 'La vida es bella' de Roberto Benigni, o la más reciente 'Jojo Rabbit' de Taika Waititi. Si bien estas dos últimas logran su cometido de enternecernos, en 'Ivan´s Childhood' subyace todo un lenguaje mucho más complejo de imágenes que van más allá de la narrativa y se enfocan más en las imágenes. La poesía de Tarkovski se mueve sutilmente frente a nosotros, pero sólo ante las miradas que aún guardan esa misma magia. 

Click aquí para ver la escena (SPOILERS):
















martes, 31 de marzo de 2020

 

Sin título 


Dicen que aún navegamos la onda expansiva
de una gran explosión que dio origen
a todo lo que vemos
que nos alejamos
un planeta
de otro
las galaxias y sus estrellas
se vierten en el vacío, cada vez
más distantes, unas de otras
justo así, mi memoria,
cada vez menos mía.

lunes, 23 de marzo de 2020

Salmo



Como si sólo quedara esta noche, hoy te encuentras escribiendo desde tu desnudez, desde esa orilla del fin del mundo que tanto visitas. Eres un devoto del recuerdo y la nostalgia y tu historia se despliega sobre las finas líneas de tu rostro. 
Hay siempre una voz. 
Siempre un paisaje silencioso donde acomodas el cuerpo terso, humeante, bajo una llamarada intrépida que avanza desde ti hacia el horizonte y de vuelta a ti. 

¡Oh, cómo duele la memoria aunque se disfrute! 

Cómo vamos dejando un rastro fantasmal sobre la soledad intacta de las cosas. Las ciudades callan, lejos, dejando ríos de cadáveres petrificados dentro del asfalto como fósiles de un mundo antiguo .

Cómo respira esta bestia encendida de mitos. 

Cómo transmigran las multitudes hacia puntos vacíos: 

uno detrás del otro 
como ciegos guiando
a otros ciegos. 

miércoles, 9 de octubre de 2019


El dolor siempre más allá de la palabra ´dolor´.

Pero siempre nuestro caminar pausado, a oscuras, buscando formas que sobresalgan de las paredes. Escribir como quien se desnuda frente a un espejo gigantesco, porque no es más que eso: 
adivinar nuestra historia en los miles de reflejos,
advertir lo innombrable, 
descubrir una y otra vez la cicatriz originaria. 
Oh, y la luna que avanza, cubriendo nuestro cuerpo desnudo de retórica y nos acaricia con su lengua húmeda, junto a todos nuestros inventos.

El poema te dicta y te lee a ti, no al revés.

Al final las metáforas sólo te utilizaron como un puente. Ese pequeño puente roto al que llamas ´cuerpo´ y a veces, ‘alma’.  

Y tus ojos tratan de abarcar el horizonte 
desde un tierno sentimiento de naufragio. 

Palabras frías, duras, ásperas te circundan. Tocas el cielo, pero no es el cielo sino tu delirio y nada más que eso. Y apenas lo rozas con las yemas de los dedos.
 
Tan sólo un poco de ese otro lado, oh, que tú imaginas.