lunes, 26 de agosto de 2024

Edición: labor (in)noble y quijotesca

I.            ¿Qué significa editar? 

Pensar en la edición es, —en primer lugar y en un sentido bastante amplio—, comprender que el 95% del trabajo se debe realizar después de sentarse a escribir. Quienes apenas empiezan sus caminos dentro de la literatura suelen contemplar la creación como un mero acto de erupción y efervescencia, dejando sus ideas como se muestran en su primer momento: puras, pero imperfectas, todavía maleables.
Un editor es, en ese sentido, alguien que esculpe, recorta y encuentra atajos hábiles fuera (y dentro) de los caminos establecidos por un texto.  
A su vez, como lo mencionan las autoras Irene Gunther y Leslie T. Sharpe en su libro Manual de edición literaria y no literaria (2005), este oficio también está íntimamente ligado a las dinámicas de un mercado donde se deben cumplir metas en ventas, marketing, alcance y sostenibilidad. Sería ingenuo pensar que lo que mantiene a estas grandes compañías editoriales es meramente el ‘amor al arte.’ Por ende, la edición como oficio se recubre de una complejidad amarga en donde debemos considerar que un libro ya no sólo debe ser bueno, sino también (y sobre todo) algo rentable y sostenible.[1]
Este breve ensayo tratará de bosquejar los puntos clave que fueron aprendidos en el mero ejercicio especulativo de estructurar una revista académica titulada ‘Revista B’atz’: Hilos Humanistas’ en su tercer volumen. Esto será contrastado con algunos ejemplos de los proyectos realizados por otros estudiantes en cuya proyección pudimos encontrar similitudes o una confirmación de lo difícil que es movilizar un proyecto editorial en el contexto guatemalteco.
Editar y construir una editorial resulta, entonces, una idea cuyo germen originario conoce desde el inicio la (in)utilidad de dicho esfuerzo, pero que también redime su importancia. Como quien decide voluntariamente ensuciarse las manos en un trabajo que nadie más desea realizar.
Como quien (excusando la trillada analogía porque aquí no es ninguna hipérbole) batalla con molinos de viento.

II.             Publicar / Editar en Guatemala

Basta darse una vuelta por una librería medianamente grande para darse cuenta de la cantidad excesiva de producción textual en la que vivimos sumergidos. Best-sellers, autoayuda, filosofía, novelas de ficción o no-ficción, poesía, ensayo, antologías, revistas, ciencia, literatura infantil, sagas juveniles, autobiografías y un largo etcétera. Dicha masificación ‘literaria’ permite cierta accesibilidad, pero a su vez produce un fenómeno bastante difícil de superar para cualquier cosa que es (inevitablemente) reducida a producto; ¿cómo competir con todo lo demás?
De las frases más impactantes y lúcidas que pude leer en el Manual de edición literaria y no literaria, me quedo con que, para alguien que busca abrirse camino en una editorial grande, “Es más probable que se ascienda a alguien por haber descubierto un talento que arrasa con las ventas, que por haber editado un trabajo con talento.” (Gunter & Sharpe, 2005, p.4), lo que constituye una valiosa lección de supervivencia al imaginar(se en) el proceso editorial.  Como todo negocio, debe mantenerse, adaptarse y planificar tomando en cuenta popularidad, ventas, metas concretas. 
Si esto resulta difícil en países como Estados Unidos o México, donde la lectura se ha adaptado medianamente al consumo, ¿qué podemos esperar en un país lleno de carencias estructurales tan fuertes como lo es Guatemala donde ni siquiera se ha logrado esto?[2]
Entonces, al buscar espacios para editar en nuestra periferia debemos considerar dos cosas fundamentales:
1. El mercado editorial no será igual de masivo ni igual de rentable.
2. Probablemente habrá que reducir y especializar las publicaciones de nuestra editorial para que resulten diferentes en algunos aspectos.
      Entendido esto, ¿por qué entonces buscar la edición como oficio cuando todas las estadísticas están en contra? ¿por qué condenarse a una (aparente) labor cuya retribución será lo mínimo imaginable? Algunos ejemplos que fueron expuestos durante el curso muestran un atisbo de respuesta.

III.          Naufragar con estilo: cómo es llevar una editorial independiente.

Al entrevistar a la poeta Miriam Ochoa Maldonado, quien integra el equipo de la Pequeña Ostuncalco Editorial o Editorial POE, nos mencionaba que una de sus voluntades más grandes era descubrir voces. Que una gran meta para ellas/os era publicar por lo menos un/a escritor/a por departamento, algo que lograron recién hace un par de años. Su voluntad estaba enteramente entregada a la búsqueda de talento, a la recopilación y rescate de esas perspectivas que se desenvuelven en lugares únicos. A eso podría reducirse su misión y visión.
Por otro lado, destacan las ediciones súper under de Simón Pedroza y su Taller Artesanal Bizarro donde se busca la reinvención, el juego, o bordear los límites de lo que consideramos el formato de un ‘libro’ para retar esa idea de la rentabilidad en un mercado.[3]Aquí editar significa entonces atrincherarse y buscar grietas en un sistema predeterminado. Algo genuinamente punk.
También podríamos mencionar a Sión Editorial, cuya trayectoria se ha sostenido al esfuerzo de Manuel Rodas por hacer una especie de One Man Band en donde conjuga los esfuerzos de editar, diagramar, realizar convocatorias anuales para el Premio de Poesía Joven y encima estar detrás de la FILXELA en donde convergen múltiples editoriales independientes tanto de Guatemala como de otros países en Centroamérica. ¿Qué tienen, entonces, estos ejemplos en común? Fácil. Ninguno está enfocado esencialmente en la edición como un negocio.
Paradójicamente las barreras del contexto guatemalteco permiten que las editoriales sean interesantes porque no están dictadas por un mercado tan extenso y globalizado como en otros países.[4] Todo esto se suma para que la idea de ‘poner una editorial’ sea no sólo uno de los emprendimientos más suicidas que existen, sino también una labor necesaria y única que reconoce la importancia de recolectar textos en un país donde pocas veces las palabras son escuchadas. 

Bibliografía:

Gunter, I. & Sharpe, L. (2005) Manual de edición literaria y no literaria. Fondo de Cultura Económica. México


[1] Con la clara excepción de aquellos proyectos que son realizados con una voluntad artística de crear algo. Como es el caso de las editoriales pequeñas/independientes y enfocadas en hacer trabajos únicos. Algunos ejemplos estarán presentes en este trabajo.

[2] Definitivamente es mucho mayor el hábito de lectura en estos países, sobre todo Estados Unidos, pues vemos cientos de personas creando contenido en redes sociales siguiendo de cerca autores/as de ficción o sagas juveniles. Entrar a las secciones de fantasía en una librería estadounidense como Barnes & Noble o como la Strand Bookstore en la ciudad de Nueva York (por poner un ejemplo concreto), resulta tan abrumador como buscar una nueva película por ver en el catálogo de Netflix.
Dicho esto, no se ha logrado masificar la producción de la misma manera en ningún ámbito artístico en países como Guatemala, donde las producciones audiovisuales o literarias siempre se ven en la necesidad de considerar estas limitaciones. Sobre todo, cuando las condiciones materiales de la realidad nacional están tan afectadas por problemas como las carencias en la educación pública y la alfabetización, el hambre, el exorbitante precio de los libros, etc.

[3] Resulta una experiencia común para quien conoce a Pedroza el encontrárselo por zona 1 dejando regados lotes de libros o ediciones únicas en Casa del Libro con Cristobal Pacheco para que estas sean enviadas a Estados Unidos. Ellos mismos me comentaron una vez que tuve la suerte de verlos interactuar: “a los gringos les encanta tener material que es imposible conseguir de otra forma, les fascinan este tipo de libros y hay que aprovecharlo.” Algo que terminé replicando sin pensar al enviar mi libro en un viaje sin retorno.  

[4] Con esto no se está afirmando que las editoriales independientes no se preocupen del todo por encajar en un mercado o que no tengan contemplado el sobrevivir a las deudas/cuentas. Lo que trato de remarcar es la contradictoria virtud de que, en varios sentidos, el hecho de que la producción no esté enfocada únicamente en las ganancias da pauta a que existan experimentos valiosos de intercambio, rastreos y resistencia. 

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