martes, 6 de octubre de 2020

reminiscencia

este poema lo estuve cuidando todo el verano. 


nació un día cualquiera, no recuerdo la fecha exacta,

afuera había un calor insoportable y los hijos de mis vecinos

gritaban y reían, jugando en su piscina infantil

como si afuera no se acabara el mundo. 


mi camiseta estaba humedecida por el sudor 

y entre mis labios yo murmuraba estas palabras. 


luego, sobrevino lo que siempre ocurre: 

la cotidianidad me tragó de cabeza hacia el vacío 

y por mis dedos ya no volvieron a resbalar

las palabras. 


hoy,

entre facturas y papeles viejos, lo volví a encontrar, 

intacto y fresco con su fragancia de tiempos pasados.


lo había arrugado y tirado a la basura

sin pensar,

sin darme cuenta

que eventualmente 

lo necesitaría para volver a respirar, 

para sentir —por fracciones de segundo—

el viento perdido del verano.



jueves, 14 de mayo de 2020

Nuestros corazones eran bombas Molotov

Nuestros corazones 
eran bombas Molotov
y los lanzábamos en 
la oscuridad

                          esperando incendiar la noche. 

Todo lo que escuchábamos 
eran las mechas que se apagaban, 
un estruendo tras otro 
y luego un vacío  
                      
                          infinitamente silencioso 
                          infinitamente solitario 

Nos quedábamos sin luz 
y sin calor,
pero seguíamos viendo 
ese desfile a nuestros costados

Tantos jóvenes queriendo un incendio, 
                         buscando un incendio,  
                         soñándolo. 

Nos hincamos, no para rezar, 
sino para tomarnos de las manos 
y así evitar morir de frío 
                                   
                          y las botellas seguían estallando 
                          como luciérnagas furiosas 
                          en la nada.

             

miércoles, 1 de abril de 2020

"Ivan's Childhood" como el sueño de la eternidad



Terminado el último plano de la película, vemos a Iván jugando con unos niños en la playa, siendo perseguido por la figura de una jovencita semidesnuda. Ella se esconde detrás de un tronco viejo y húmedo. Están jugando a las escondidas. Atardece. Cuando Iván se fija en ella y ambos ríen, empieza una persecución por las orillas de la playa, acompañados de pequeños destellos del sol irrumpiendo en la superficie del agua hasta llegar a un punto donde la superficie terrestre es indistinguible: 
aquí es donde ocurre la magia de Tarkovski, pues al igual que el Salar de Uyuni localizado en Bolivia, ambas superficies parecen imitar perfectamente al cielo, creando la ilusión de un espejo infinito. 

¿No es esta preciosa imagen del niño corriendo "sobre el cielo", la metáfora visual más cercana a la eternidad? Toda la película hasta este punto ha mantenido un balance considerable entre las situaciones reales y la imaginación simbólica del niño envuelto por pesadillas. Hay momentos de ternura, magia y terror. Y todo esto es contrastado con escenas serias, maduras y frías donde aparecen los adultos, preocupados por la guerra. A excepción, claro, de la famosa escena del beso. 'Ivan's Childhood' es claramente una metáfora sobre cómo la infancia magnifica o distorsiona la realidad, la memoria e incluso le da un toque mágico a las pesadillas y hasta la muerte. 

Es sin dudas un tema extenso que ha sido explorado por otras películas rayando en lo jocoso o dulzón, como por ejemplo 'La vida es bella' de Roberto Benigni, o la más reciente 'Jojo Rabbit' de Taika Waititi. Si bien estas dos últimas logran su cometido de enternecernos, en 'Ivan´s Childhood' subyace todo un lenguaje mucho más complejo de imágenes que van más allá de la narrativa y se enfocan más en las imágenes. La poesía de Tarkovski se mueve sutilmente frente a nosotros, pero sólo ante las miradas que aún guardan esa misma magia. 

Click aquí para ver la escena (SPOILERS):
















martes, 31 de marzo de 2020

 

Sin título 


Dicen que aún navegamos la onda expansiva
de una gran explosión que dio origen
a todo lo que vemos
que nos alejamos
un planeta
de otro
las galaxias y sus estrellas
se vierten en el vacío, cada vez
más distantes, unas de otras
justo así, mi memoria,
cada vez menos mía.

lunes, 23 de marzo de 2020

Salmo



Como si sólo quedara esta noche, hoy te encuentras escribiendo desde tu desnudez, desde esa orilla del fin del mundo que tanto visitas. Eres un devoto del recuerdo y la nostalgia y tu historia se despliega sobre las finas líneas de tu rostro. 
Hay siempre una voz. 
Siempre un paisaje silencioso donde acomodas el cuerpo terso, humeante, bajo una llamarada intrépida que avanza desde ti hacia el horizonte y de vuelta a ti. 

¡Oh, cómo duele la memoria aunque se disfrute! 

Cómo vamos dejando un rastro fantasmal sobre la soledad intacta de las cosas. Las ciudades callan, lejos, dejando ríos de cadáveres petrificados dentro del asfalto como fósiles de un mundo antiguo .

Cómo respira esta bestia encendida de mitos. 

Cómo transmigran las multitudes hacia puntos vacíos: 

uno detrás del otro 
como ciegos guiando
a otros ciegos. 

miércoles, 9 de octubre de 2019


El dolor siempre más allá de la palabra ´dolor´.

Pero siempre nuestro caminar pausado, a oscuras, buscando formas que sobresalgan de las paredes. Escribir como quien se desnuda frente a un espejo gigantesco, porque no es más que eso: 
adivinar nuestra historia en los miles de reflejos,
advertir lo innombrable, 
descubrir una y otra vez la cicatriz originaria. 
Oh, y la luna que avanza, cubriendo nuestro cuerpo desnudo de retórica y nos acaricia con su lengua húmeda, junto a todos nuestros inventos.

El poema te dicta y te lee a ti, no al revés.

Al final las metáforas sólo te utilizaron como un puente. Ese pequeño puente roto al que llamas ´cuerpo´ y a veces, ‘alma’.  

Y tus ojos tratan de abarcar el horizonte 
desde un tierno sentimiento de naufragio. 

Palabras frías, duras, ásperas te circundan. Tocas el cielo, pero no es el cielo sino tu delirio y nada más que eso. Y apenas lo rozas con las yemas de los dedos.
 
Tan sólo un poco de ese otro lado, oh, que tú imaginas.

domingo, 29 de septiembre de 2019

desperdicio


«Al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,
la has destrozado en todo el universo»
Constantino Cavafis

hay una canción que suena
cada vez que me dan ganas de llorar

una canción triste
una canción que me hace hundir los pies en la tierra
y aferrarme como si el cielo fuese a tragarme

una canción que hace eco
en lo más profundo de mi cabeza,

 en acantilados marcados por la caricia
 de un océano extinto

es la melodía de un sueño perdido,

de las oportunidades desechas
por mis propias manos,
de la timidez aplastante,
que me corta caminos

de lo que no me atreví a vivir

y que me perseguirá
y que dejará de sonar
cuando mis ojos se cierren
y el río de los días me haya llevado.